lunes, 6 de noviembre de 2017

Artículos en Rinconete del Instituto Cervantes

Desde el mes de octubre de 2017 publico quincenalmente una serie de artículos bajo el título “Fotografía española contemporánea” en la revista digital Rinconete. Esta colección de artículos trata sobre algunos de los fotógrafos que han redefinido la fotografía española a finales del siglo XX y principios del XXI y otros más jóvenes que suponen el relevo generacional.

Rinconete es una revista diaria que se publica desde 1998 en las páginas del Centro Virtual Cervantes. Recoge artículos sobre cuestiones de cultura hispánica y ofrece un variado abanico de informaciones y opiniones sobre lengua, literatura, artes, patrimonio e historia.

Sigue este enlace para leer mis artículos: 
Fotografía española contemporánea

martes, 15 de agosto de 2017

WEB Luismi Romero

Mi web de fotografías artísticas y documentales ya está actualizada con los últimos trabajos editados hasta ahora. En ella podrás ver doce trabajos realizados entre 2003 y 2017 en diferentes ciudades de España, Hungría, Islandia y Estados Unidos. 

Visita la web en este enlace: www.luismiromero.com


miércoles, 14 de junio de 2017

Cartel FESTIVALDEPEÑAS 2017

Estas son las tres propuestas de cartel que he diseñado para el FestiValdepeñas 2017, festival de música de Valdepeñas (Ciudad Real) que se celebrará el 14 y 15 de julio. Finalmente será la primera propuesta la que informará de la programación del festival a los usuarios del Centro de la Juventud de Valdepeñas.
 
Las fotografías que he realizado para el diseño de los carteles están compuestas con miniaturas, confeti y casetes de diferentes colores sobre un fondo neutro blanco. Todo el proceso de escenografía ha sido manual, se ha fotografiado y posteriormente se ha añadido el texto y los logotipos digitalmente.
 



domingo, 5 de febrero de 2017

Premios Goya de animación

Este fin de semana se ha celebrado la 31ª edición de los Premios Goya, donde el dibujante y director Alberto Vázquez ha arrasado en lo que a animación se refiere. Sus dos creaciones, "Psiconautas, los niños olvidados""Decorado" han obtenido respectivamente los premios al mejor largometraje y cortometraje de animación.

Doce años atrás, tuve la suerte de conocer, entrevistar y fotografiar, a otro triunfador de la animación en los Premios Goya. En 2005, el realizador alicantino Pablo Llorens, me recibió en su estudio de Valencia para hablarme del galardón obtenido en la edición de ese año, por el cortometraje de animación en stop-motion "El enigma del chico croqueta". Con este premio conseguía su segundo Goya, tras el que obtuviera diez años antes por "Caracol, col, col". Doce cortometrajes, dos series de televisión y un largometraje, avalan la trayectoria de este realizador. La entrevista junto a una de las fotografías que le hice, fue publicada en la revista Mondo Sonoro, en la cual colaboré a lo largo de cinco años. 

Más info:

Texto y foto © Luismi Romero. Publicado en Mondo Sonoro, 2005.

jueves, 19 de enero de 2017

Viajando sin moverse / Travelling without moving (2016-2017)

Les muestro a varias personas, en la pantalla de mi teléfono móvil, las primeras fotografías que acabo de editar de mi último trabajo. Veo caras de confusión, párpados entornados y algunos ceños fruncidos. A la pregunta ¿qué te parece? recibo como respuesta otras preguntas. “Pero esto son dibujos de un libro de ciencias ¿no? No, espera, ya lo sé ¿has fotografiado unas postales antiguas? No entiendo estas fotos ¿te has ido de safari?” Primer objetivo cumplido, sembrar la duda.

Cuando trabajas a partir de la obra de otros, te planteas qué hacer que ofrezca un punto de vista nuevo o al menos personal. A estas alturas intentar dar una vuelta de tuerca en el mundo visual resulta difícil y más si trabajas con material de principios del siglo XX con el que han trabajo anteriormente y con tan buen resultado, otros fotógrafos como Valentín Vallhonrat o Hiroshi Sugimoto. Ambos, tal vez, se plantearían un dilema parecido cuando contemplaron los dioramas que el taxidermista Carl Akeley diseñó para el American Museum of Natural History de New York en la primera década de 1900. Akeley, fue desgranando sus creaciones, entre 1920 y 1940, en diferentes salas del Museo. Enormes escaparates con animales disecados de diferentes ecosistemas del planeta que recreaban, de una manera bastante creíble, el entorno natural del cual fueron despojados aquellas criaturas salvajes.

Los libros antiguos ilustrados sobre fauna y flora habían quedado atrás dejando paso a las fotografías de animales en entornos naturales, pero ni tan siquiera eso era ya suficiente, se quería más realismo y el zoo de Central Park no ofrecía tanta variedad de animales. Ni tan siquiera irse de safari era ya necesario. Los neoyorquinos de hace cien años podían pasear durante un solo día y viajar sin moverse, desde las profundidades de los bosques norteamericanos a la sabana africana o a las tundras del Ártico. Un trabajo exquisito que permitía contrastar tu miserable tamaño con el de un oso erguido en actitud de darte un zarpazo en cualquier momento. Una familia de ciervos alertada de nuestra presencia por el aviso del macho o unos rinocerontes contemplativos observándote con su mirada inerte al otro lado del cristal son algunas de las posibilidades que permite esta colección de bodegones con pelo y pezuñas.

De acuerdo Akeley, llevamos casi cien años, al margen de posturas animalistas y ecologistas, comprobando que tus monstruos de Frankenstein han envejecido bastante bien. Contigo el mundo de la taxidermia debió de envidiarte y maldecirte durante décadas, relegando sus esfuerzos a disecar cabezas de animales como trofeos de cazadores domingueros. Pero yo no quiero viajar sin moverme, aunque eso me remita, como título irónico a mis fotografías, al enorme disco Travelling without moving que Jamiroquai publicara en 1996. Me apropio del trabajo de Akeley y del de Jamiroquai y hago mi propio Frankestein. No invento nada nuevo pero yo también quiero devolver la vida a esos animales que no eligieron estar ahí y que muestran de una manera simulada una vida que hace un siglo les fue arrebatada. También quiero devolverlos a las páginas de aquellos libros de ciencias que los mostraban al público como criaturas lejanas, misteriosas, inalcanzables y casi sobrenaturales. Quiero devolverles la dignidad y la libertad que les fue arrebatada. Quiero que cuando la gente vea estas fotografías, piense que he recorrido medio mundo y he podido sentir la emoción y el miedo de rodearme de estas bestias. Quiero que la gente pueda imaginarse por un momento que estos animales estaban cargados de vida cuando fueron fotografiados y aunque solo sea por unos segundos, mantener viva esa magia. Si he conseguido eso, me daré por satisfecho. 






lunes, 14 de noviembre de 2016

Accésit I Premio Eurostars Hotels Santiago de Compostela

He obtenido un Accésit en el I Premio Eurostars Hotels de Fotografía en Santiago de Compostela con el tema Santiago, ciudad del peregrino. El tríptico que he presentado está compuesto por fotografías realizadas desde las Cubiertas de la Catedral y desde el balcón principal del Museo de la Catedral. Se muestra tres imágenes de los peregrinos y visitantes en la Praza das Praterías, Praza do Obradoiro y Praza da Quintana. 




sábado, 29 de octubre de 2016

11S


Resulta imposible caminar por New York sin levantar la cabeza comprobando lo innecesariamente altos que son sus rascacielos. Pasan aviones constantemente sobrevolando Manhattan y es inevitable recordar lo ocurrido el 11S. Te hace plantearte muchas cosas sobre esa ciudad, la magia y decadencia que desprende a partes iguales, las imágenes cinematográficas que recuerdas en cada esquina, en cada rincón. Te preguntas si New York ha sido utilizada como escenario de muchas películas, o si la ciudad en sí misma se construyó para ser un gran escenario, donde la realidad y la ficción se entremezclan sin definir sus límites, donde sus habitantes interpretan un papel que han asumido como real... Eso me hace volver a recordar el 11S.

sábado, 1 de octubre de 2016

New York City 2016

Cruzar el charco en avión nunca ha sido tarea fácil, no logísticamente hablando, ya que plantarse en ocho horas en Nueva York, sigue siendo uno de esos trucos de magia que no pretendo entender sino simplemente disfrutar. Sin embargo requiere de cierta resistencia mental para enfrentarse a los diferentes protocolos de los aeropuertos, y si además hablamos de Estados Unidos, donde los controles de seguridad se multiplican exponencialmente, ya requiere de una dosis extra de paciencia.

Cualquier guía de viajes que consultes te hará referencia a que los neoyorquinos no son especialmente simpáticos y que no dudan en mostrar su mal humor si no te adaptas al ritmo de su ciudad, tanto si es a pie o en coche. Tardar tres segundos en decidir si quieres el kebab de ternera o cerdo, puede suponer que te salten el turno en un puesto callejero de comida y pasen de ti hasta que seas lo suficientemente rápido como para describir el menú exacto que deseas en lo que dura una exhalación. 

La referencia inmediata que tenemos todo hijo de vecino cuando viajamos a la gran manzana, es la de las películas peyorativamente definidas como “americanadas” plagadas de topicazos y clichés: brokers pegados a sus teléfonos móviles engullendo rápidamente cualquier comida basura por Wall Strett, vagabundos tirados en mitad de la acera, carteles con protestas raciales en el barrio de Harlem, nuevos ricos excéntricos con coches descapotables y perros ridículos en el asiento de atrás, partidos de baloncesto en canchas callejeras a cualquier hora mientras algún rapero improvisa sus rimas junto a la vaya metálica perimetral, turistas ataviados con diademas que simulan la corona de la Estatua de la Libertad, el luminoso horror vacui desproporcionado de Times Square, rascacielos absurdamente inmensos o el consumismo más voraz y exagerado en la ciudad más voraz y exagerada del mundo. Es aquí cuando surge el dilema ¿esperaba encontrar en Nueva York todos esos tópicos o tenía la esperanza de encontrar el lado más humano y amable de la ciudad que no se refleja en las películas? Por desgracia, una vez comprobado que todos eso tópicos son reales y no hacen más que reflejar una realidad relativamente decadente, mi postura fue la de buscar la aguja en el pajar e intentar encontrar esa humanidad que no conseguía apreciar. 

Asumir que lo que estaba contemplando ante mis ojos era la ciudad gris e inhumana que ya había supuesto que era tras haber digerido y defecado durante años cine y series de televisión norteamericanas, fue el ejercicio más fácil e inmediato. Cruzar en coche de noche el puente que une Queens con Manhattan y ver como aparece ante tus ojos el inmenso y abrumador skyline neoyorquino, fue una sensación que me arrancó de la boca un sincero “Wuaaauuu” que pasó del deslumbramiento al horror en lo que tardé en ser engullido por aquella masa inhumana de hormigón y cristal. Una ciudad que había entrado en bucle hace ya muchos años y que se deglutía y regurgitaba a sí misma una y otra vez. 

Un amigo que también había viajado allí antes que yo me dijo: “Efectivamente es como en las películas... Es la ciudad más consumista del mundo. ¿Qué esperabas encontrar allí?” Supongo que esa aguja en el pajar.